Cuando
viajas a través de sus ojos hasta su alma, te das cuenta que todavía sigue
siendo una niña. Caminar por su sonrisa eterna
es el sendero más firme por dónde
has pasado y el aroma a canela de su figura fresca ambienta el panorama
mientras va marcando sus huellas de impaciencia en tu corazón.
Reflejo dormido de media noche, destello
inmenso en el nocturno espacio, en mi corto universo… estas allí coloreando días
con tu piel morena.

Cuando
ejercitas el deseo oxidado por la decepción trotando por su cintura,
engrandece hasta el más desgatado idilio. Cuesta tanto cambiar su persistente
pasión por rescatarte de ese bosque turbio que te rodea…

No
es inverosímil terminar habitando en su pecho, en la serie de casas tatuadas
cerca de su corazón. Qué fácil es oír la incolora timidez pronunciada desde su
silencio. Es sencillo sentir que su
recuerdo galopa, cual caballo desenfrenado en tu memoria, en el día a día, en
el futuro, cuando estas a media luz.
Ella
es ventana que se abre y rehace tu vida
con su enjambre de luciérnagas sonrientes, alegres y siempre felices. Ella es
lluvia primaveral. Eres calidez que derrite mi helado corazón de mantecado.
Eres princesa de cuento efímero hecho realidad.